Este año, se celebra el centenario de la histórica publicación realizada en 1917 por Félix d’Herelle, donde informó sobre el aislamiento de un microbio invisible con actividad letal contra bacterias al que nombró bacteriófago. En 1915, F. Twort había publicado un trabajo de temática similar pero con tres explicaciones diferentes y sin concluir con precisión en la hipótesis del virus de bacterias. Los bacteriófagos (figura 1), cuyo nombre significa “devoradores de bacterias”, son virus que se alimentan de ellas y las afectan mientras se reproducen hasta destruirlas. Por lo tanto, son considerados sus enemigos naturales y se pueden aprovechar para el control o erradicación de las enfermedades causadas por bacterias patógenas en seres humanos, plantas o animales. Su empleo también es útil en la industria alimentaria debido a que contribuyen al control de bacterias que afectan a lácteos o a carnes. Los bacteriófagos son excesivamente abundantes en la naturaleza y se encuentran en todos los ambientes donde hay bacterias.

Algunos de los reservorios más abundantes en cuanto a diversidad de familias y tipos de bacteriófagos son el suelo y el mar. Sin embargo, cuando se quiere realizar una búsqueda de bacteriófagos específicos para el control de enfermedades causadas por bacterias, ya sea en plantas o en seres humanos, estos pueden aislarse a partir de algún lugar donde existan síntomas de la enfermedad o donde se sepa que hubo presencia de ella, por ejemplo, en suelos donde hay plantas enfermas o en el intestino humano.

Históricamente, el control mediante bacteriófagos de enfermedades que afectan a los seres humanos (terapia fágica) data de un siglo. En esa época la terapia fágica tuvo gran auge y en la India fueron empleados con éxito por d’Herelle, quien utilizó cocteles a base de bacteriófagos para controlar la bacteria Vibrio cholerae causante del cólera.

Los bacteriófagos son específicos de su bacteria huésped, es decir, infectan y matan solo al género y especie para la cual fueron seleccionados, cualidad de mucha importancia al momento de utilizarlos ya sea como agentes de control de enfermedades en plantas o en la terapia fágica. Su obligada especificidad los hace inofensivos para las bacterias de tipo benéfico. Los bacteriófagos no están vivos debido a que para su reproducción necesitan de la maquinaria biosintética celular bacteriana, por lo tanto son considerados entidades biológicas dependientes de las bacterias, rasgo intrínseco que los hace acabar con ellas a favor de su reproducción. Esta situación pareciera paradójica ya que, si los bacteriófagos en beneficio de su multiplicación acaban con su bacteria huésped, la pregunta que surge es ¿Qué pasa entonces con ellos cuando ya no hay bacterias disponibles para que se sigan multiplicando? Pues bien, también se eliminan. Esto es un punto a favor para su empleo pues significa que se autorregulan y, una vez erradicada la enfermedad, los bacteriófagos que la aniquilaron también desaparecen.

El mecanismo por el cual matan a su bacteria huésped es la lisis (proceso de ruptura de la membrana bacteriana) que se lleva a cabo cuando el ciclo de reproducción del bacteriófago se ha cumplido. Si analizáramos brevemente sus características, se concluye que pueden ser empleados para solucionar diversos problemas que las bacterias generan en distintos planos. Está documentado que los bacteriófagos pueden contribuir a la resolución de problemas en la industria alimentaria, si se emplean contra las bacterias  que descomponen   a  los  alimentos  como los lácteos y carnes; también, para la desinfección de hospitales invadidos por determinados tipos de bacterias resistentes a múltiples antibióticos.

Actualmente, los bacteriófagos están en un periodo de esplendoroso apogeo, debido a sus múltiples aplicaciones tanto en la ciencia como en la tecnología, con enfoques que van desde el control de bacterias patógenas hasta su importancia como herramientas moleculares. Sin embargo, uno de los puntos considerado de mayor importancia actual es que la mayoría de las bacterias patógenas humanas han adquirido resistencia a los antibióticos, lo cual hace que algunas enfermedades sean muy difíciles y costosas de controlar. La búsqueda de antibióticos sigue en continuo avance.  No obstante, la dificultad que representa el hallazgo de nuevas y potentes sustancias que puedan controlar a las bacterias resistentes es cada vez más complejo. Bajo este escenario, una de las ventajas a favor del desarrollo de tecnologías innovadoras para el control de bacterias patógenas se debe a su especificidad, lo cual significa que se podría desarrollar uno o varios tipos de formulaciones a base de bacteriófagos casi para cada tipo de bacteria patógena existente. Un ejemplo de estas aplicaciones es el control de enfermedades en las plantas, como las bacterias que provocan el tizón de halo en el frijol o la mancha bacteriana en el chile o el jitomate, enfermedades que llega a provocar pérdidas de más del 70 % en etapas de gran severidad. El empleo de bacteriófagos ha logrado controlar estas enfermedades en ensayos bajo invernadero realizados en el Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del Estado de Jalisco (CIATEJ), sugiriendo con ello su potencial para el control de este tipo de enfermedades de difícil manejo agrícola.


Dr. Gabriel Rincón Enríquez / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Dra. Evangelina Esmeralda Quiñones Aguilar / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del Estado de Jalisco, Guadalajara, Jalisco, México.
Dr. Luis Guillermo Hernández Montiel / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste, La Paz,
Baja California Sur, México.