Dra. Carla O. Contreras Ochoa / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Centro de Investigaciones sobre Enfermedades Infecciosas del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP).
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Centro de Investigaciones sobre Enfermedades Infecciosas del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP).
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Centro de Investigaciones sobre Enfermedades Infecciosas del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP).
Archivo: Salud

La hepatitis es una enfermedad que afecta al hígado, es causada por sustancias tóxicas como el alcohol, venenos, drogas y por infecciones virales. En los humanos existen algunos virus que causan la hepatitis y se nombran por letras: A, B, C, D, E, F y G, los más importantes son los tres primeros. Mientras que los virus A y E se transmiten por agua o alimentos contaminados, los virus B, C y D se transmiten por sangre contaminada y por contacto sexual.
          En este artículo revisaremos la infección provocada por el virus de la hepatitis C (VHC), que es un importante problema de salud pública en muchos países de América, Europa y Asia. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud en todo el mundo hay 170 millones de personas infectadas con este virus, y cada año mueren 1.2 millones. En México el 1.5% de la población general están infectados con el VHC; y la distribución de la hepatitis C varía según la zona del país, por ejemplo, es mayor en el norte y menor en el centro; además se estima que cada año se infectan 23,000 personas.
         Entre las formas de adquisición de la infección con el VHC está la transfusión de sangre, el trasplante de órganos, el uso de drogas intravenosas, tatuajes, piercing, perforaciones, acupuntura, manicura o podología, tratamientos dentales, transmisión durante el embarazo y las prácticas sexuales sin protección. Una vez dentro del cuerpo, el VHC llega a los hepatocitos, que son un tipo de células que forman el hígado, se multiplica dentro de ellos y al liberarse los nuevos virus infectan a otros hepatocitos, repitiendo este ciclo. La hepatitis C tiene dos etapas, la etapa aguda que se presenta en los primeros seis meses después de la infección y la etapa crónica a partir de 6 meses en adelante.
         Se dice que la hepatitis C es una enfermedad silenciosa porque la mayoría de las personas infectadas no tienen síntomas específicos ni se ven enfermos; aunque algunas si pueden presentar síntomas generales como dolor abdominal ligero, nauseas, vómito, fiebre, falta de apetito y fatiga, que se confunden fácilmente con otras enfermedades. Cuando la hepatitis C avanza a la etapa crónica los síntomas se vuelven más severos; además de la fatiga hay debilidad muscular, ictericia (coloración amarillenta en la piel y ojos), pérdida de peso, orina oscura, retención de líquidos e hinchazón abdominal. Así mismo, el paciente infectado con el VHC puede desarrollar cirrosis y cáncer de hígado que son las complicaciones más graves de la enfermedad. Un hígado con cirrosis tiene una especie de cicatrices que se forman a lo largo de los años afectando la manera en que este órgano trabaja; mientras que el cáncer de hígado, también llamado carcinoma hepático o hepatocarcinoma es mortal. Para dar una idea de la importancia de la hepatitis C en la salud pública se ha visto que de cada 100 personas infectadas con el VHC, 15 van a eliminar por si mismos al virus en los primeros seis meses, mientras que otras 85 quedarán infectadas. De estas, entre 20 y 25 personas enfermarán de cirrosis y 20 más, que representa el 20% desarrollarán cáncer de hígado entre los 10 y 30 años después de la infección.
          Tal como se mencionó previamente, la consecuencia más grave de la infección con el VHC a largo plazo es el hepatocarcinoma, este se presenta generalmente a partir de los 50 años de edad y es más común en hombres que en mujeres. Además del VHC, existen otras causas que provocan el hepatocarcinoma, entre las que están la infección con el virus de la hepatitis B (VHB), el consumo severo de alcohol o enfermedades autoinmunes. A nivel mundial el hepatocarcinoma ocupa el quinto lugar en la lista de los tipos de cáncer más frecuentes; cada año mueren 600,000 personas por esta enfermedad, y un número similar de nuevos casos se diagnostica anualmente. En México entre el 1 y 4% de los enfermos de cirrosis pueden desarrollar hepatocarcinoma, y de acuerdo a los expertos el número de muertes asociadas a este cáncer aumentó en la última década. Con todos estos datos se resalta la importancia de diagnosticar de manera oportuna la hepatitis C.
         Para identificar a una persona infectada se realizan algunas pruebas de laboratorio, primero se buscan anticuerpos contra el VHC en la sangre del paciente, si esta prueba es positiva se realizan otros análisis para confirmar el resultado, tales como la inmunodetección o Western Blot que identifica las proteínas del virus, o el PCR que identifica el material genético del virus. Al mismo tiempo es necesario analizar la carga viral, que es una prueba que indica cuantos virus hay en la sangre del paciente, y también se debe realizar un estudio de función hepática para saber si el hígado funciona correctamente. Además, si se sospecha de una lesión en etapa avanzada entonces se tomará una biopsia, que es un trozo de hígado muy pequeño, que ser analizada por un médico patólogo indicará que tan dañado está este órgano. Todos estos estudios permitirán seleccionar el tratamiento adecuado.
          El tratamiento que se usa contra la hepatitis C emplea una combinación de dos medicamentos: El Interferón alfa pegilado, que ayuda al sistema inmune del paciente a responder contra el VHC, y la Ribavirina, que inhibe la multiplicación del virus; ambos se administran una vez por semana durante 6 meses a 1 año. Más recientemente se usa el Telaprevir y el Boceprevir que son medicamentos que afectan la multiplicación del virus dentro del hepatocito. Estos medicamentos curan la enfermedad solo en el 40 a 80% de los casos, tienen la desventaja que son muy costosos y pueden tener efectos secundarios. Cuando el paciente presenta cirrosis avanzada o cáncer la única alternativa de tratamiento es el trasplante de hígado, y desafortunadamente está sujeto a la disponibilidad de donadores compatibles y al alto costo de la cirugía. Actualmente no existe una vacuna que prevenga la infección con el VHC, por lo que la mejor manera de prevenirla es evitando el contagio, algunas medidas son: no usar drogas inyectables ni compartir agujas, el dentista o el médico solo deben ocupar agujas y jeringas estériles; no compartir cepillos de dientes u hojas de afeitar. Si se planea hacerse un tatuaje o un piercing acudir a centros autorizados por la Secretaría de Salud donde utilicen equipo esterilizado exclusivo para cada paciente; además, utilizar condones durante la actividad sexual.
          Actualmente a nivel mundial varios grupos de investigadores están trabajando en el desarrollo de nuevos medicamentos y estrategias terapéuticas contra el VHC.
Por ejemplo, se trabaja sobre nuevos medicamentos que bloqueen la entrada del virus al hepatocito o inhiban su multiplicación. O bien una alternativa prometedora es regenerar el hígado dañado por el virus mediante el uso de células madre (también llamadas stem cells en inglés) para producir hepatocitos sanos. Así mismo se estudian los eventos biológicos que conllevan al desarrollo del cáncer de hígado, para diseñar tratamientos específicos contra las células tumorales con efecto mínimo en las células sanas. Se trabaja además en la búsqueda de marcadores moleculares (proteínas o genes) en el hígado que permitan identificar de manera temprana el cáncer hepático mediante métodos no invasivos. Estas estrategias permitirán erradicar al virus y mejorar la calidad de vida de los pacientes con hepatitis C.

REFERENCIAS
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. Fundación Mexicana para la Salud Hepática. 2011. La hepatitis como un problema
de salud pública. Salud Pública de México. 53:S61-S67.
. Klenerman P, Gupta P. 2012. Hepatitis C virus: current concepts and future
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. Méndez-Sánchez N. García-Villegas E, Merino-Zeferino B, Ochoa-Cruz S, Villa AR
et al. 2010. Liver diseases in Mexico and their associated mortality trends from
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. Torres-Poveda K, Burguete-García A, Madrid-Marina V. 2011. Liver cirrosis
and hepatocellular carcinoma in Mexico: impact of chronic infection by
hepatitis virus B and C. Annals or Hepatology. 10: 556-558.


Semblanza


Carla O. Contreras Ochoa es bióloga de la UAEM. Doctorado en Salud Pública con Área de concentración en Enfermedades Infecciosas en el INSP. Labora en el CISEI/INSP.

 


Semblanza


Alfredo Lagunas Martínez es químico biólogo parasitólogo de la Universidad Autónoma de Guerrero. Doctorado en Ciencias Biomédicas de la UNAM. Labora en el CISEI/INSP.

 


Semblanza


Vicente Madrid Marina es médico cirujano de la UNAM. Doctorado en Ciencias Biomédicas de la UNAM. Pertenece al SNI nivel III. Labora en el CISEI/INSP.