Para el momento en que como niños alcanzamos la edad en la que somos capaces de leer, hemos absorbido a través de múltiples medios la importancia que tiene el agua para la vida; primero para la vida humana y posteriormente, para la supervivencia de otras especies. No tengo que proporcionarle a usted querido lector, argumentos para convencerlo de que el agua, es un tema que a todos nos interesa. Quizá por ello, los medios de comunicación han orientado sus campañas hacia difundir verdades a medias y francas mentiras sobre la función que el agua desempeña en nuestro cuerpo. Aquí solo platicaré de una, reciente y disfrazada bajo un manto de (pseudo-) lenguaje científico.

Un poco más de la mitad de nuestro cuerpo es agua, sin embargo, mucha de ésta la encontramos asociada a las biomoléculas importantes de nuestro organismo: proteínas, ácidos nucleicos y carbohidratos. La presencia de la molécula de agua en todas ellas no siempre implica que estén disueltas en el agua, sino que forma parte de ellas y sin ella, no funcionan correctamente. Por otra parte, el agua no interactúa favorablemente con las grasas y esto es muy importante porque las membranas celulares formadas por este tipo de moléculas se encargan de mantener separado el contenido y composición celular del medio que las rodea. Estas membranas, cuya aparición fue fundamental para la evolución molecular de la vida, aseguran la cantidad necesaria a cada substancia para que los procesos químicos en el cuerpo ocurran oportuna y completamente, como cuando las sales disueltas en agua conocidas como electrolitos se separan en partículas pequeñas y con carga eléctrica al estar en agua. Asimismo el pH que se utiliza para conocer la acidez de las sustancias es otra constante en el cuerpo humano; un cambio en una unidad de pH equivale a un cambio de 10 veces en la concentración de uno de los fragmentos cargados del agua, el protón H+, que es un átomo de hidrógeno que perdió su electrón, como se aprecia en la Figura 1. El límite inferior de la escala de pH es el valor de cero y corresponde a una solución muy ácida. En el agua no hay valores negativos de pH porque ésta controla la máxima acidez posible. El límite superior, en una solución básica o alcalina, es el valor de 14 y tampoco hay valores superiores; el valor medio igual a 7 corresponde a la neutralidad. En la sangre, se encuentra un valor medio de pH=7.4 y las variaciones de una décima de unidad reflejan problemas metabólicos graves que pueden poner fin a la vida del individuo.

El mecanismo a través del cual nuestro organismo regula con tanta exactitud el pH está basado en la presencia de iones como los carbonatos o los fosfatos, que actúan como amortiguadores, si el medio se acidifica baja el pH, (aumenta la cantidad de [H+] ) estas los “atrapan” formando un ion estable que no liberará ese protón a menos que el pH aumente. Es uno de los mecanismos más robustos que existen y su buen funcionamiento está asociado a la presencia de ciertos electrolitos en sangre en la cantidad correcta y al mismo proceso de nuestra respiración en el que el bióxido de carbono que se produce en las células es transportado por la hemoglobina hacia nuestros pulmones para allí intercambiarlo por oxígeno. Por ello, cuando un paciente está hospitalizado, la solución intravenosa a través de la cual le administran sus medicamentos no es simplemente agua. El suero fisiológico tiene la cantidad de sales y el mismo valor de pH que el suero sanguíneo.

¿Aguas para evitar el envejecimiento?

Entonces ¿qué es eso de que hay aguas que son mejores para desintoxicar tu cuerpo, aguas ligeras, aguas para evitar el envejecimiento; bajar de peso; restaurar el equilibrio de pH natural en el cuerpo; mejorar la oxigenación celular y producir relajación así como evitar enfermedades como obesidad, osteoporosis y cáncer? Aclaro, esto no viene de un texto científico, todas estas aseveraciones fueron recuperadas de publicidad de agua embotellada en México. ¿Cómo saber si esto es cierto o no? La respuesta correcta es hacer un estudio en condiciones controladas con un gran número de participantes sanos y evaluar los efectos que el consumo regular de este tipo de “aguas” tiene sobre su estado de salud. Hacer el análisis estadístico de los resultados obtenidos para cerciorarse de que los cambios observados son significativos y no opiniones aisladas y, por supuesto al concluir, someter los resultados del estudio al arbitraje de un panel de científicos expertos en el área para que esta información se publique en una revista con buena reputación científica.

De la botella a la célula

Al día de hoy, no ha sido posible localizar en la literatura científica, una sola mención a la importancia del consumo de agua alcalina para la salud. El hecho de que no se encontró, no significa necesariamente que no sea importante, a lo mejor, está en proceso. Mientras se reúne la evidencia científica que pueda probar o descalificar el valor del agua alcalina, hagamos un recorrido imaginario en el que acompañemos a un trago de agua desde la botella hasta una célula.

Para empezar, ¿cómo es el agua en la botella? Se pueden clasificar en dos grandes grupos: aquellas que el vendedor extrajo de algún manantial, verificó o corrigió su estado hasta hacerlas potables y las embotelló; las que provienen de las redes públicas de agua potable y el proveedor las trata de manera particular antes de embotellarlas y distribuirlas. Estas dos aguas tienen diferencias sutiles que en pocos casos el paladar llega a detectar. La cantidad y el tipo de sales disueltas pueden ser distintas y su pH también. Éste último tendrá valores entre 6 y 8 dependiendo del lugar de dónde provienen o del tratamiento que le dio el embotellador. Un consumidor, como tú o yo, tomará un trago de alguna de estas botellas que llegará directamente al estómago. Allí, el lugar más ácido del cuerpo humano, tiene un pH entre 1.5 y 3.5, debido a la cantidad de ácido clorhídrico que nuestra mucosa gástrica produce para facilitar la digestión de los alimentos. Al contacto del agua que bebimos con el contenido de nuestro estómago, ocurrirán las reacciones de neutralización o dilución que harán que la alcalinidad desaparezca instantáneamente y pocos pasos después, el estómago y el intestino delgado permitirán que el agua y lo que en ella va disuelto pasen al torrente sanguíneo y así, lleguen a los tejidos en dónde se distribuirán sobre cada célula y su interior, si la membrana lo permite.

Si tomamos un agua que es pobre en carbonatos, ¿nos enfermaremos? Si la dieta contiene suficientes verduras y frutas ricas en potasio y carbonatos, el organismo obtendrá lo necesario de ellas. Algunos nutriólogos han caracterizado a las dietas ricas en azúcares refinadas y carbohidratos así como alimentos procesados como dietas ácidas ya que su consumo limita la cantidad de productos naturales que contienen a los carbonatos que regulan el pH. ¿y si tenemos exceso de carbonatos en la sangre? El proceso de filtración en los riñones se ocupará de desechar el exceso antes de que esto sea un problema, además de que una parte de estos se transformarán en dióxido de carbono que la hemoglobina de la sangre rápidamente pondrá en los pulmones para expulsarlo. Por ello es muy importante saber qué es más conveniente invertir en una alimentación sana que comprar remedios, que no lo son.


Dra. Margarita I. Bernal-Uruchurtu / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Centro de Investigaciones Químicas de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.