Revista de Divulgación Científico-Tecnológica del Gobierno del Estado de Morelos

Artritis y diabetes ¿Enfermedades simultáneas?

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La artritis reumatoide (AR) es una enfermedad autoinmune sistémica y crónica que se caracteriza por la inflamación de las articulaciones periféricas (manos, pies, muñecas, hombros, codos, caderas y rodillas); en las que se produce dolor e hinchazón, provocando rigidez sobre todo por la mañana o después de períodos prolongados de reposo. Con cierta frecuencia, los pacientes pueden presentar afecciones en órganos y sistemas ajenos a las articulaciones, tales como los ojos, pulmones, corazón, piel o vasos sanguíneos.

Esta enfermedad afecta aproximadamente al 1.0% de la población mundial, aunque en México, se estima que la frecuencia es incluso superior (1.6 %), siendo tres veces más frecuente en mujeres que en hombres. Clínicamente es muy heterogénea, con importantes diferencias entre los pacientes, así como en el mismo paciente durante las diferentes fases de la evolución. Es por eso que resulta tan importante para el investigador y el reumatólogo el reconocer las características particulares de cada paciente, con el fin de proporcionarle el tratamiento farmacológico más acorde y con mayores posibilidades de éxito.

El tratamiento terapéutico se basa en la utilización de dos tipos de fármacos: aquellos que controlan los síntomas (inflamación) y aquellos destinados a prevenir la progresión de la enfermedad y, por lo tanto, la destrucción de las articulaciones. Estos últimos son llamados Fármacos Antirreumáticos Modificadores de la Enfermedad (FARME). Asimismo, dentro de ellos, actualmente existen tres tipos de FARME, siendo los conocidos como FARME convencionales los más empleados en la población de pacientes, principalmente por razones de costo y abasto.

Aunque la artritis reumatoide no tiene cura, un diagnóstico temprano y tratamiento oportuno permiten alcanzar, en la mayoría de los casos, un estado de “remisión” en el cual no hay síntomas y se detiene el daño de cartílago y hueso, permitiendo que los pacientes tengan una vida prácticamente normal.

Por otra parte, se ha observado que los pacientes con AR pueden presentar otras afecciones o enfermedades asociadas a dicha enfermedad; estos sucesos son conocidos como comorbilidades y se han convertido en un foco de atención durante los últimos años, debido a que pueden hacer más agresiva la enfermedad.
Con base en estudios epidemiológicos, se reconoce que pacientes con AR tienen un mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, infecciones graves, osteoporosis y Diabetes mellitus (DM). Esta última es una de las comorbilidades que ha acaparado mayor interés entre los grupos de investigación.

La DM es una enfermedad compleja que se caracteriza por alteraciones en la secreción o en la acción de la insulina, hormona que controla los niveles de glucosa en sangre, lo cual dará como resultado un estado hiperglucémico, que significa que el paciente vivirá con niveles de “azúcar” altos en sangre. A su vez, ocasiona un proceso inflamatorio de bajo grado en los pacientes, que no implica manifestaciones severas, pero que presenta un incremento de los niveles circulantes de sustancias inflamatorias en su sangre.

La frecuencia de esta enfermedad en la población mundial se ha incrementado en la última década, siendo considerada una epidemia mundial. En México, de acuerdo a los informes de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) del 2018, hubo un incremento de 9.4% al 10.3%, respecto al año 2016.

Varios estudios previos han sugerido la posible asociación entre la AR y la DM, sin embargo, los resultados han sido muy variados, impidiendo identificar los mecanismos de su posible interrelación. Un aspecto común de ambas enfermedades, sin duda, es la inflamación, por lo cual, se considera que podría ser el enlace biológico.

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En la actualidad se sabe que el tejido adiposo además de jugar un papel como almacén de energía, participa en la modulación de la inmunidad y la inflamación, produciendo y secretando una variedad de sustancias pro-inflamatorias, por lo cual, se sugiere que puede ser un participante activo en la regulación de los procesos fisiológicos y patológicos de ambas enfermedades. De acuerdo a esta hipótesis, los niveles altos de factores inflamatorios en la sangre de un paciente con artritis reumatoide que presenta sobrepeso y obesidad, podrían facilitar el desarrollo de Diabetes mellitus tipo 2.

Actualmente, nuestro grupo de investigación inició un estudio con el departamento de reumatología del Hospital General de Cuernavaca "Dr. José G. Parres" para evaluar la presencia de Diabetes mellitus en pacientes con artritis reumatoide, con el fin de identificar los factores inmunológicos e inflamatorios que estén asociados con el desarrollo de esta enfermedad.

Hasta el momento, hemos observado que uno de cada dos pacientes de artritis reumatoide padece Diabetes mellitus, lo que corrobora la existencia de factores que están relacionando ambas enfermedades. Consideramos que los resultados de este estudio brindarán al reumatólogo un panorama más amplio del estado de salud del paciente con AR, así como la prevención de aparición de comorbilidades, limitando posibles complicaciones en el paciente.


Q.F.B Ana Victoria Hernández Torres / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.

Dr. José Luis Montiel Hernández / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Facultad de Farmacia de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.