Dr. Eduardo Corona Martínez / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Instituto Nacional de Antropología e Historia INAH-Morelos
Archivo: Historia

En Julio de 2008 se cumplieron 150 años de la primera presentación de la teoría de la Selección Natural como explicación sobre la evolución de los organismos. A partir de esa fecha ha iniciado una serie de reediciones de la obra de darwinista, así como foros académicos y celebraciones sobre varios aspectos relacionados a la teoría de la evolución, como: el bicentenario de la publicación de la “Filosofía Zoológica”, la principal obra evolucionista pre-darwiniana, elaborada por J. B. Lamarck; el 200 aniversario del nacimiento de Darwin (Febrero 12) y el 150 aniversario de la publicación de “El origen de las especies”.
Con estos eventos se busca resaltar la profunda transformación que tuvieron las Ciencias Naturales a fines del siglo XIX y principios del XX, a la vez que destaca el papel de la teoría evolutiva, junto con la teoría de la relatividad de Einstein como las bases principales de la ciencia del siglo XXI. Toda vez que, en la actualidad, temas tan candentes como la pérdida de biodiversidad, el cambio climático, la transformación ambiental, los impactos de la actividad humana sobre la naturaleza, entre otros, tienen presente el componente evolutivo.
Es por ello que el surgimiento y desarrollo de la teoría evolutiva es, ante todo, un objeto de estudio para filósofos, historiadores, y muy recientemente de los biólogos. No por nada, hoy existe la llamada industria del darwinismo, que cada año produce tesis, artículos, libros que comparan, miden y desentrañan la historia y las implicaciones de esta teoría.
La intención aquí es presentar un resumen conciso sobre la historia de la presentación de esa teoría y algunas de sus implicaciones, con la intención de concitar la reflexión sobre esta temática, que a la fecha sigue generando intensos debates sociales en países como Estados Unidos.

Resumiendo la historia

“No hubo un descubrimiento revolucionario”. Palabras más, palabras menos, así resumía el presidente de la Sociedad Linneana, una de las más prestigiosas sociedades científicas, las actividades desarrolladas durante 1858. Pero, la historia mostró que era una apreciación equivocada. Ahora, después de siglo y medio, en el mundo se celebra la primera presentación de la teoría evolutiva de la selección natural.

Justo el 1 de julio de 1858 en la sesión ordinaria de la Sociedad Linneana se presentaron dos ponencias, la primera a cargo de Charles Darwin llamada “Acerca de la tendencia de las especies a formar variedades; y de la perpetuación de las variedades y especies mediante la selección natural”; y la segunda a cargo de Alfred Russell Wallace, titulada: “Sobre la tendencia de las variedades a alejarse indefinidamente del tipo original”.

Bajo estos títulos y con textos muy breves, se discutía uno de los problemas que más atractivo ejercía entre los naturalistas y filósofos. El llamado “misterio de los misterios”, es decir, la aparición y suplantación de especies a lo largo del tiempo. Pero también atrás de ello se encuentra una historia de cómo una teoría científica es incubada por un largo tiempo, con lo que ello implica: pensar, probar y refutar hipótesis principales y secundarias, develar causas.

Charles Darwin poco después de regresar de su viaje en la expedición del Beagle (1831-1836) comienza a pensar seriamente en la posibilidad de la “transmutación de las especies” como una forma de evolución. Sin embargo, sabía que las corrientes del pensamiento vigentes postulaban que: las especies eran fijas, que la naturaleza humana era distinta del resto de los organismos, que la sucesión de los organismos en el tiempo se explicaba con teorías religiosas, como la del “diluvio universal”, lo que dio origen a ese término que todavía llega a escucharse: ante-diluviano.

También conocía que esta idea no era nueva, sabía del debate entre los principales naturalistas franceses, donde el más sonado fue el que sostuvieron Jean B. Lamarck, que postulaba las ideas evolucionistas, contra Georges Cuvier, que representaba el status quo de la ciencia, y que presentó los mejores argumentos en boga, venciendo en el debate del momento, pero no en el de la perspectiva histórica.
Estos signos le indicaban a Darwin que debía buscar evidencias y muchas, para ello utilizó los siguientes 20 años. Primero, terminó en 1844 un manuscrito conocido como el guión (“sketch”), y que en caso de su muerte repentina, debía ser publicado, de acuerdo con las instrucciones que le dejó a su esposa. Mientras tanto, estudió a profundidad todas las disciplinas que le daban elementos a su teoría, ya fuese geología, paleontología, zoología, botánica, o disciplinas comparativas como anatomía, embriología, fisiología. Hasta aspectos prácticos como la crianza y la domesticación. Los organismos que utilizó como modelos fueron desde los corales, pasando por los balanos (crustáceos) a las palomas y caballos.

Finalmente, el tiempo lo alcanzó. Otro naturalista y antropólogo, más joven, Alfred Russell Wallace que desde 1845 se había dedicado a viajar como naturalista en expediciones que lo llevaron al Amazonas, Australia y el Archipiélago Malayo, pero que también estaba empeñado en estudiar la evolución de los organismos a partir de la información biogeográfica. Él determinó las diferencias zoológicas fundamentales entre las especies asiáticas y las australianas, estableciendo un concepto que se conoce actualmente como línea divisoria de Wallace. Con estas evidencias y su interés en el tema del “misterio de los misterios”, publica un primer trabajo en 1855 llamado: “De la ley que regula la introducción de nuevas especies” y en 1858, decide buscar el apoyo de Darwin a quien envió el trabajo que luego se presentaría en la Sociedad Linneana.

Darwin al leerlo queda sorprendido, ya que considera es un buen resumen de la teoría que estaba postulando, pero que no había concluido. Fue esta situación, la que aceleró la redacción de las ponencias y de la misma obra principal. En particular, hubo un arreglo promovido por el geólogo Charles Lyell, quién conocía a ambos personajes, y promovió la sesión de la Sociedad Linneana en Londres, para la presentación de los trabajos.

El objetivo principal de la sesión era mostrar lo novedoso del concepto de selección natural, como la fuerza natural que permitía explicar los procesos de aparición, sucesión y extinción de todos los organismos. Pero también, permitía mostrar que Charles Darwin se encontraba trabajando en el tema de tiempo atrás, reivindicándolo como el descubridor principal, mientras que Wallace era reconocido como el co-descubridor de la teoría.

Mucha tinta ha corrido desde 1858, hay quienes ven una disputa entre Darwin y Wallace; hay quiénes negaron la importancia de estas ponencias. Lo cierto es que Wallace siguió trabajando como naturalista y antropólogo, fue gran amigo de Darwin y desarrolló una teoría hiper-seleccionista, hoy en desuso. Mientras que Darwin al año siguiente publicó el famoso libro “Sobre el origen de las especies”, tal vez uno de los más citados y, seguro poco leído por sus detractores; mismo que revolucionó todos los campos de la ciencias naturales. A partir de ahí comienza otra historia en la que todavía estamos inmersos.

Para leer más:
C. Darwin. El origen de las especies. La edición de la UNAM o la de Editorial Porrúa, son indispensables.
Ruiz, R. y F. Ayala. 2002. De Darwin al DNA y el origen de la humanidad: La evolución y sus polémicas. Fondo de Cultura Económica, México. (Reimpresión, 2007).
Mayr, E. 2005. Así es la Biología. Editorial Debate. Barcelona.
Se puede visitar el Museo Universum de la UNAM, en Ciudad Universitaria (D. F.) el cuál tiene ahora una exposición sobre evolución humana.
Existen portales de Internet con información fiable y vigente sobre la teoría de la evolución en idioma español, entre ellos:
-Sitio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (España), se destaca la edición de las obras de Charles Darwin en español, muchas de las obras serán accesibles por primera vez en nuestro idioma, ver:
http://www.darwin2009.csic.es/
-Sitio del Instituto de Paleoecología Humana y Evolución Social (Cataluña, España), este es uno de los institutos que participa en las excavaciones del famosos sitio de Atapuerca, donde se han hallado los restos de una especie predecesora (Homo antecessor) de los humanos actuales (Homo sapiens), por lo que destacan la importancia de la evolución humana, ver:
http://www.evoluciona.org/documents/00/es/home/content/inici.html
-El blog de evolución forma parte de las actividades conmemorativas del año de la evolución que realiza la UNAM:
http://blog-evolucion.unam.mx/

 


El Dr. Eduardo Corona Martínez es investigador del Centro INAH Morelosy asociado al Laboratorio de Arqueozoología (Subdirección deLaboratorios y Apoyo Académico, INAH) ha realizado investigacionespaleobiológicas en los Estados de Morelos y Guerrero, además deestudios etnozoológicos y de historia de la Biología en México. Hapublicado tres libros más varios artículos en revistas científicasnacionales e internacionales.