Es fantástico salir a estudiar lobos marinos; sentir la brisa del mar acariciando tu rostro, contemplar atardeceres en playas vírgenes, percibir el “aroma a mar” penetrando en tu cuerpo, descubrir otros seres marinos merodeando las costas: delfines, aves, peces e invertebrados que te hacen pensar: ¡Estudiar lobos marinos es fantástico! Aunque también tiene sus días complicados: cuando los invertebrados que te merodean son avispas, abejas, mosquitos o cuando la temperatura ambiental es superior a los 40°C, como en verano (cuando estudiar lobos es más interesante). Existen otros “detalles que complican los viajes, como el tiempo para llegar a la isla deseada que puede ser desde un par de horas viajando en lancha o hasta 6 horas viajando en lancha, cuatrimoto todo terreno y hasta camiones de volteo. Y finalmente lidiar con la observación y conteo de poblaciones de hasta 6 mil lobos marinos.

Los recursos que implican una salida para estudiar lobos marinos pueden sumar la cantidad de 50 mil pesos por semana de estancia y ciertas incomodidades en algunas islas: como carecer de wi-fi, agua corriente, drenaje, luz eléctrica y médico, sin embargo, la diversión y la información obtenida lo amerita y cada verano los investigadores del laboratorio de Ecología de Pinnípedos nos armamos de valor y nos vamos a las loberas por unos días.

Pero… ¿Qué pasa cuando el proceso que queremos estudiar dura un año o más, como el periodo de lactancia de los lobos marinos? La observación y seguimiento de una madre con su cría entre otros 5 mil 998 lobos marinos en constante movimiento durante 12 meses se vuelve imposible.
Los estudiosos de lobos marinos a través del tiempo han ido satisfaciendo su curiosidad analizando todas las partes colectables de lobos marinos: dientes, pelos, uñas, huesos, bigotes… ¡Hasta heces! Los huesos y los dientes se toman de animales que han muerto y han sido arrastrados hacia la playa, mientras que el pelo, las uñas, los bigotes y la piel, los obtienen con mucho cuidado y más valentía de animales vivos, aunque solo aquellos que se pueden capturar y manejar, por lo regular evitan a los machos adultos que pueden llegar a pesar casi 400 kilos y medir unos dos metros.

Haciendo un análisis químico de las partes de lobos colectados se enteran de algunas intimidades de los lobos: su edad, sus viajes y hasta que comida prefieren. En el caso de los bigotes, esta información se va guardando y puede permanecer hasta un par de años dependiendo del desgaste que sufra. Entonces para analizar fenómenos mayores a un año de duración y que no podemos observar personalmente, los bigotes presentan valiosas evidencias para estudiar de manera indirecta a los lobos marinos. Lo que hice en mi trabajo de investigación fue medir el periodo de lactancia en estos animales en tres diferentes islas con características particulares… ¡Lo hice usando sus bigotes!

Lobos marinos, centinelas en el mar.

Las hembras de lobo marino cuidan solas a su cachorro, los grandes machos se desentienden del cuidado de los hijos y deciden viajar. Las mamás por su parte, se quedan en la isla donde nació su cría para cuidar a su pequeño hasta que éste sea lo suficientemente independiente para cazar por su cuenta. De las mamás depende la supervivencia de las crías, por eso ellas se esmeran y los cuidan alimentándolos con su nutritiva leche. Para los investigadores las hembras se vuelven muy valiosas, pues al pasar tanto tiempo en una isla, se vuelven un reflejo de las condiciones ambientales de las islas.

Cuando un lobo marino nace depende completamente de su madre. Ella, comprometida al cuidado de su cachorro y después de un par de días del nacimiento, necesita tener un momento para ella e irse a comer (sentimiento que toda madre hemos tenido alguna vez). Estos viajes pueden ser diferentes dependiendo de la disponibilidad de la comida encontrada en cada sitio. La comida, a su vez, está en función de la calidad del alimento que se encuentra en cada zona.

Las islas que visitamos fueron: San Esteban, ubicada en la zona de las grandes islas; los islotes, en el sur del Golfo de California e Isla Margarita, en el Pacífico. Cada isla tiene condiciones ambientales diferentes: En Isla San Esteban, hay dos momentos de abundancia de alimento en el ambiente, lo que se traduce en bienestar para la manada. Los islotes tienen dos picos de abundancia, pero menos abundantes. La Isla Santa Margarita por su parte, tiene un gran pico de abundancia en primavera, mucho mayor que en las otras islas.

Como sospechábamos, los bigotes de los lobos marinos juveniles nos confesaron sus secretos y nos enteramos que: las hembras de la Isla San Esteban alimentan a sus cachorros con su leche en un periodo de año y medio a dos años. Mientras que, en los islotes los cachorros al cumplir un año siguen tomando leche, ni siquiera han probado el pescado. En Isla Santa Margarita hay diferentes casos de lactancia, la mayoría de las hembras dan leche a sus crías solo un año, aunque algunas otras deciden amamantarlos hasta dos años. Es posible que en esta isla existan varios lugares dónde encontrar comida, por lo que las madres tienen que elegir entre varios factores: la lejanía, la competencia y la cantidad de comida en el lugar. Todas estas opciones derivan en en el tiempo de lactancia. Al menos eso nos contaron sus bigotes.

Los lobos marinos nos permiten conocer más acerca del ambiente marino, por lo que se les considera centinelas del medio ambiente. La información que pueden darnos sus bigotes comprende desde semanas, meses y hasta años, pues van formándose mientras el animal crece, convirtiéndose en un importante reservorio de información acumulada. De esta manera, estudiar bigotes, nos permite entender un poco más acerca de la vida de los lobos marinos y con ello conocer mejor los secretos del maravilloso mar.


M. en C. Sofía Berenice López Alvirde / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
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