ballenas

Las ballenas son las criaturas más grandes que actualmente pueblan el planeta, miden en promedio 30 metros de longitud y pesan hasta 160 toneladas, lo que equivale a 30 elefantes juntos. Nadan grandes distancias a través de todos los océanos, alcanzando velocidades cercanas a los 40 km/hora y ejecutan majestuosos saltos, gracias a la corpulenta musculatura de su poderosa cola dispuesta en un plano horizontal.

Su linaje proviene de un mamífero que, tras habitar tierra firme, hace 50 millones de años, decidió volver a su elemento de origen, el agua. Como todos los mamíferos, las ballenas tienen pulmones, y tras sumergirse a una profundidad de más de mil metros, y después de permanecer bajo el agua por espacio de hasta 40 minutos, salen sorpresivamente a respirar a la superficie mediante unas estructuras denominadas espiráculos, situados sobre su cabeza.

Por su enorme tamaño requieren una gran cantidad de alimento, y curiosamente se alimentan de pequeños crustáceos que habitan en el plancton, como el krill y los copépodos (este último vocablo proviene del griego y significa patas de remo); los primeros, con apariencia de camarón, miden 6 cm y los segundos entre 1 y 5 mm, aunque algunas especies alcanzan 2 cm. En unos cuantos meses las ballenas acaban con el alimento disponible, de manera que migran hacia otras zonas para hallar, de nueva cuenta, grandes bancos de plancton para alimentarse. Así comienza entonces el periplo de las ballenas, acompañadas de melodiosos cantos.

Polizontes que nos señalan las rutas migratorias de las ballenas

Es frecuente observar percebes adheridos a la piel de las ballenas, como verdaderos polizontes; se consideran crustáceos aberrantes porque en su etapa larvaria efectúan una torsión que les permite fijarse a cualquier superficie mediante una sustancia cementante, gracias a la cual permanecerán adheridos durante toda su vida a la superficie elegida. Cada especie de percebe habita en condiciones particulares de salinidad y temperatura, proporcionando así información de la ruta geográfica por la que ha navegado la ballena durante su migración. Paralelamente, y gracias a múltiples tecnologías, actualmente es más sencillo conocer las rutas migratorias de las ballenas que transitan entre los lugares donde se alimentan y los de cría, estancias que oscilan entre cuatro y seis meses, pero se desconocen las migraciones durante el Holoceno y épocas anteriores.

Para respirar, los percebes toman átomos de oxígeno del agua, cuyo peso varía de acuerdo con la cantidad de neutrones que contienen; así, por ejemplo, en océanos con aguas más calientes es mayor la proporción de átomos de oxígeno y por ende son más pesados. Bajo esta premisa se estudian los percebes fósiles de las costas occidentales de América del Norte y del Sur y, aunque estos percebes no estaban adheridos a las ballenas, gracias a la asociación entre percebes y ballenas se infiere la posibilidad de determinar su ruta migratoria.

Los resultados indican que la antigua ballena jorobada transitó las mismas distancias en el Pacífico que sus homólogas modernas, y pronto será posible precisar por dónde navegaron las ballenas en los últimos cinco millones de años. Sin duda estas aportaciones ayudarán a comprender las trayectorias de este comportamiento migratorio, las cuales, sin duda, debieron haber variado de acuerdo con los climas por los que transitó el planeta y, en el caso de los biólogos conservacionistas, ayudará a predecir cómo las ballenas podrían responder a los cambios climáticos actuales, sobre todo si éstos llegaran a afectar la temperatura de los océanos.


Norma Sánchez Santillán / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Departamento El Hombre y su Ambiente, UAM-Xochimilco