Titanic
Dra. Norma Sánchez-Santillán / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Departamento El Hombre y su Ambiente de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco
Mtro. Rubén Sánchez-Trejo / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Departamento El Hombre y su Ambiente de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco
Archivo: Ciencias de la Tierra

Son muchos los riesgos que las embarcaciones enfrentan al cruzar de un continente a otro; en su mayoría, éstos son detonados por el denominado mal tiempo y el caso del emblemático Titanic no fue la excepción, a lo largo del siglo XX este desastre ocupa el número diez de las catástrofes más costosas de la historia. De manera que analizar las condiciones ambientales que acompañaron el desastre ayuda a entender las causas que lo desencadenaron y con ello se evitan futuras catástrofes que involucran la pérdida de vidas humanas. A cien años del fatal suceso y con mayores conocimientos acerca de los diversos fenómenos climáticos y oceanográficos que ocurren en la zona del hundimiento, abordaremos en este número algunos aspectos relevantes de dichos fenómenos reportados para ese trágico evento.

Fenómenos meteorológicos: acicates marinos

La navegación practicada por los europeos en sus viajes a América, cuyas rutas iniciales fueron trazadas por Cristóbal Colón, hace ya 520 años, se denominan rutas trasatlánticas. Dichas rutas se han ido adecuando paulatinamente a partir del conocimiento cada vez mayor de los tropiezos oceanográficos y meteorológicos reportados en el Océano Atlántico Norte, con dos finalidades fundamentales, por un lado disminuir los riesgos potenciales de naufragio y, por otro, aprovechar la energía tanto de las corrientes marinas como del viento para tener un mayor impulso que va aparejado de un menor gasto de combustible.
Sin embargo, la conformación de las rutas de navegación trasatlánticas han estado acompañadas de diversos infortunios náuticos derivados de la ocurrencia de dos fenómenos meteorológicos, los huracanes en el verano y la deriva de los icebergs durante el invierno. De manera que las rutas de navegación no son iguales a lo largo del año ya que con el transcurrir de las estaciones, también cambian las condiciones oceanográficas y meteorológicas. Asimismo, año con año, se registran diferencias estacionales que han dado pie a la conformación de amplias rutas acordes con las estaciones.

La triada fatal

En su viaje a Nueva York, el Titanic navegaba por la ruta invernal; en ésta ocurre una zona de mezcla entre la corriente cálida del Golfo y la corriente fría del Labrador, responsable, esta última, de arrastrar los icebergs que se desprenden de los glaciares de Groenlandia.
De manera que el barco se encontraba navegando en los límites entre ambas corrientes oceanográficas, en esta franja oceánica en el empalme de ambas corrientes, una cálida (menos pesada) y la otra fría (más pesada), las cuales por la diferencia térmica registran diferente densidad. Asimismo, el aire encima de las masas de agua mencionadas adquiere las características de temperatura del agua adyacente y forma una cuña, de manera que el aire caliente se posa encima del frío ya que el primero, igual que el agua, pesa menos que el segundo. Dicha cuña desencadena paulatinamente una inversión térmica y provoca un fenómeno óptico que actúa como una lente refractante, la cual induce un espejismo llamado “Fata Morgana”, que es una imagen invertida del objeto real; paralelamente el espejismo genera un horizonte falso más lejano que el real, de modo que el iceberg quedó oculto entre ambos horizontes y el vigía lo pudo apreciar cuando ya lo tenía prácticamente encima.
Si además consideramos que los témpanos no se ven blancos en la oscuridad y su detección visual puede resultar difícil por la noche, sobre todo si no hay luna, como ocurrió la noche de la colisión, aún si los vigías hubieran contado con binoculares, los cuales fueron olvidados en puerto. La distancia a la que puede detectarse un iceberg por el ojo humano depende de las condiciones meteorológicas, la altura del bloque de hielo, la iluminación (presencia o no de luna) y la posición del observador.
Si bien la ruta invernal seguida por el Titanic era la habitualmente utilizada por los trasatlánticos de la época, el invierno ártico de 1911-12 fue muy suave, fenómeno meteorológico que se repite cada ocho años y está vinculado a un proceso de circulación atmosférico denominado Oscilación del Atlántico Norte que detona los eventos “El Niño” fenómeno que invierte a nivel planetario los patrones de lluvia al modificar el comportamiento de la celda de los vientos alisios en el hemisferio sur y con ello el hundimiento de la surgencia de aguas frías que se ubica frente a las costas de Perú. La suavidad invernal provocó dos fenómenos que desencadenaron la tragedia, por un lado la formación de bancos de niebla derivadas de un incremento en la evaporación por las tibias temperaturas ambientales y, el inusual número de icebergs a la deriva, que plagaron el océano en esas fechas.

¿Quien rige la variabilidad climática?

La oscilación del Atlántico Norte (NAO) es uno de 17 patrones meteorológicos que rigen la variabilidad del clima en el planeta. La NAO se conoce hace poco más de 20 años y señalan los especialistas que de ella depende la crudeza del invierno tanto en Europa como en América y la cantidad de humedad con la que viene acompañada dicha estación.
La NAO tiene dos fases, la positiva y la negativa; en la primera las tormentas invernales son severas y más frecuentes y cruzan el Atlántico en dirección noreste. Dichas tormentas transportan el calor desde el océano hasta el noreste de Europa provocando inviernos cálidos y húmedos, mientras que en la zona del Mediterráneo, los inviernos son fríos y secos. Por el contrario durante la fase negativa, las tormentas invernales son débiles y poco frecuentes, dichas tormentas siguen un recorrido más al sur que aquellas que ocurren durante la fase positiva; aportan aire cálido y húmedo al Mediterráneo y permiten que llegue aire frío del norte y este, al norte de Europa.
Aún no se tiene la certeza qué controla la NAO, sin embargo se sabe que tiene diferentes ciclos de alternancia en sus fases, uno de esos ciclos tiene una duración de ocho años y justamente el invierno durante el cual navegó el Titanic, ocurrió el inicio de un ciclo, de modo que las condiciones eran desconocidas para su capitán. Independientemente de la pericia de éste, o más aún, aunque hubiese llevado binoculares, los efectos del espejismo marino-atmosférico contribuyeron de manera importante al desastre.
Por lo que, atribuir el colapso del Titanic a una persona o incluso a un grupo es inexacto, es importante mirar bajo el contexto completo y la época en la que ocurrieron los hechos, para eliminar los prejuicios que se han ido conformando alrededor de éste trágico evento.

 


Semblanza


Norma Sánchez Santillán es doctora en Ciencias, miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel I. Actualmente es profesoar-investigadora del Área de Investigación Departamental “Desarrollo y Manejo de los Recursos Naturales”, de la UAM-Xochimilco. Sus líneas de investigación son la climatología, dinámica aplicada al análisis de los ecosistemas, bioclimatología, reconstrucciones climáticas y el efecto que las variabilidades climáticas ejercen en el desencadenamiento de plagas y enfermedades de carácter meteotrópico. Tiene más de 50 trabajos publicados en libros y artículos de investigación y poco más de un centenar de artículos de difusión y divulgación de la ciencia. Coordina el proyecto “El cambio global del clima en México, sus teleconexiones climáticas mundiales, los efectos sobre los ecosistemas naturales, rurales y urbanos y las repercusiones socioeconómicas” en la UAM-Xochimilco.


Semblanza


Rubén Sánchez Trejo es candidato a doctor en ciencias (Biología), fue miembro del Sistema Nacional de Investigadores, cuenta con el Reconocimiento a Profesor de Tiempo Completo por el PROMEP y Medalla al Mérito Universitario Gabino Barreda en posgrado. Desde 1990 es investigador y profesor en el Departamento El Hombre y su Ambiente de la UAM-Xochimilco. Ha publicado más de 80 artículos en libros, capítulos de libros y revistas especializadas a nivel nacional e internacional. Actualmente coordina el Programa de “Ecología y Conservación de Fauna Silvestre” en la UAM-Xochimilco y desempeña funciones de investigación relacionadas con el tema “El clima y su influencia en la biodiversidad”.