carbono

Hay cuatro colores de carbono denominados forzantes climáticos; es decir, los que pueden modificar positiva o negativamente la dinámica del clima en el planeta. Dos de ellos, el verde y el azul, se encuentran atrapados en las plantas terrestres y marinas, respectivamente, y sus efectos son positivos; los otros dos, marrón y negro, se liberan al ambiente y son altamente negativos para el clima y para todos los ecosistemas del planeta.

El carbono verde se encuentra almacenado en la biomasa durante la fotosíntesis de plantas y suelos de tierras forestales, pastizales, cultivos y ecosistemas naturales, como selvas, bosques y praderas. El azul es capturado por los organismos marinos, principalmente el fitoplancton, y durante la fotosíntesis. El marrón corresponde a las emisiones emitidas a la atmósfera durante los procesos de quema incompleta de combustibles fósiles por los autos y la maquinaria en general.

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Finalmente, el negro contribuye en forma cuantitativa al cambio climático, se trata de un conjunto de contaminantes atmosféricos con los que coexistimos diariamente, los cuales ocasionan diversos efectos negativos, tanto sobre la salud humana como sobre los ecosistemas circundantes a las grandes urbes y, en algunos casos, su presencia y efectos se observan en hábitats más alejados. Con frecuencia el carbono negro pasa a un segundo plano cuando se aborda el problema del cambio climático; sin embargo, su mitigación repercutiría en el descenso de los impactos climáticos negativos, así como en una mejora de la calidad de vida de las personas, flora y fauna.

El carbón negro es uno de los productos de manufactura más antiguos de la humanidad. En India se producía como pigmento; en la antigua China y Egipto se empleó en murales, y a partir de siglo XV se utilizó masivamente en la imprenta; a lo largo del siglo XX tuvo un uso generalizado en la industria automotriz del caucho por sus propiedades reforzantes en las llantas. Actualmente se utiliza en diversas industrias, ya sea como pigmento, como agente conductor del color o para estabilizar el efecto de los rayos ultravioleta en las pinturas automotivas; también se usa en el tóner de las impresoras, como base para tintas tipográficas, pinturas a base de agua, de lacas, en las pilas secas y en el relleno de gomas, entre otros usos industriales.

La producción del carbón negro refleja su amplio uso a nivel mundial; en la década de los años 90 se alcanzó un volumen de siete millones de toneladas por año, generadas por 140 fábricas distribuidas en 35 países, que para 2011 se incrementó a once millones de toneladas. Los datos anteriores reflejan la vigencia de dicho producto para la industria, y la población expuesta a este contaminante es cada vez mayor, por lo que sus efectos en la salud humana están considerados actualmente dentro de los estudios epidemiológicos asociados a enfermedades bronco-respiratorias. En el caso de la Ciudad de México se estima una emisión de alrededor de 1700 toneladas métricas por año (ton/m3/año), además de 1 190 000 ton/m3/año de bióxido de carbono (CO2) y 120 000 ton/m3/año de óxidos de nitrógeno (NO2). Aunque se utiliza ampliamente en la industria, tiene efectos negativos en el clima y en la salud de todos los seres vivos, de manera que una misión importante para los químicos sería sustituirlo por otro agente que cumpla con las mismas funciones pero sin alterar al planeta.


Dra. Norma Sánchez Santillán / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
UAM-Xochimilco