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Comúnmente, cuando vemos una película o leemos un libro sobre ciencia ficción en donde se describen las ciudades del futuro, estas se nos presentan como extensos y saturados centros urbanos, con medios de trasporte que vuelan entre encumbrados rascacielos de acero y de cristal, rodeados de luminosas propagandas espectaculares, donde la tecnología forma parte esencial de la actividad diaria de sus habitantes (Figura 1). Algo similar a los desarrollos urbanos del Medio Oriente en la actualidad como Dubai o Abu Dhabi (Figura 2). Sin embargo, ante las condiciones actuales que enfrenta la humanidad debido a los cambios climáticos que la misma ha provocado, el panorama se pinta muy distinto.

Es cierto, las ciudades en el mundo presentan hoy en día un número creciente de habitantes, con diversos orígenes, culturas y costumbres, tornándose centros urbanos cada vez más cosmopolitas. Este aumento poblacional implica el desarrollo de edificios de muchos niveles para dar respuestas a las necesidades de vivienda; también implica la construcción de diversos centros laborales, la expansión de calles y autopistas para conectar el creciente territorio de las ciudades, aparejado a la búsqueda de nuevos medios de trasporte para las multitudes.

Sin embargo, al habitar mayor número de personas en las ciudades, las zonas rurales quedan rezagadas. Estas son a su vez las principales aportadoras de alimentos y bienes primarios de consumo de los centros urbanos. La creciente demanda energética implica un considerable consumo de recursos fósiles para su sustento. Y la vida urbana incrementa la producción de desechos, los cuales llegan a parar a zonas naturales como valles, ríos, lagos y mares, con los que se contaminan los ecosistemas.

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Bajo este panorama, que pone en peligro la continuidad de la especie humana, es más cercana una visión de un mundo apocalíptico que la de un mañana lleno de desarrollos tecnológicos y prósperas ciudades futuristas. Es así que, para revertir esta visión, se desarrollan tecnologías y alternativas ecológicas autosuficientes, sustentables e incluyentes socialmente para el bienestar de las futuras generaciones.

Un mundo verde e igualitario

Grandes ciudades de países industrializados como Nueva York, Chicago, Londres, Berlín, Beijing, Shangai, Seúl o Tokio apuestan cada vez más por desarrollar parques urbanos llenos de árboles, y por rescatar y reutilizar grandes estructuras y espacios residuales como antiguos centros industriales, vías férreas o autopistas elevadas. Inclusive se proponen a recupera los frentes costeros de sus cuerpos de agua para crear áreas naturales de esparcimiento (Figura 3). También incrementan los espacios públicos y de interacción social, las azoteas verdes y los jardines verticales. Igualmente, aumentan el empleo de ecotecnias (tecnologías amigables con el medio ambiente) como paneles solares o aerogeneradores para la producción de electricidad, materiales reciclados para la construcción, el tratamiento y reutilización de las aguas residuales de la ciudad o el reciclaje de sus residuos. En paralelo, mejoran los sistemas de trasporte público, replantean la interconexión de las distintas zonas de las ciudades para recorrerlos a pie que se disminuya el uso de automóviles, además de adecuar las vías de circulación vehicular para bicicletas.

Estas transformaciones contribuyen a tener ciudades con el aire más limpio y espacios públicos que favorecen la seguridad e interacción comunitaria. Asimismo, estos enfoques buscan evitar la expansión territorial dentro de la ciudad misma. En cuanto a la vivienda, se enfoca en complementar las necesidades de vida de la población dentro de su hogar y a nivel comunitario, lo cual promueve desarrollos habitacionales de interés social que incluyan en su diseño alternativas ecológicas para su funcionamiento, en lugar de altas edificaciones con apartamentos de lujo. Ejemplos de estas tendencias, a menor escala, se observan en Latinoamérica en ciudades como San José, Medellín, Quito o Santiago de Chile.

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Nuestro granito de arena

Las alternativas mencionadas con anterioridad no son nuevas. Las ecotecnias se han desarrollado desde mediados del siglo pasado. Conceptos urbanos como el nuevo urbanismo (urbanismo sustentable), fundado y desarrollado por el arquitecto norteamericano Andrés Duany desde los años ochenta, han alertado de los peligros que conllevan los desmedidos y consumistas métodos de vida actuales, y propone una manera de revertir su impacto económico, social y ambiental.

Seamos realistas, las ciudades son el reflejo de sus habitantes. Si cada uno optamos por realizar desde pequeños cambios en nuestras vidas como instalar lámparas ahorradoras de energía, reutilizar los envases plásticos, caminar o tomar el transporte público para ir a lugares cercanos, comprar en los mercados locales más que en los grandes supermercados, evitar el uso de bolsas de plástico; hasta cambios mayores como tener nuestro propio huerto en casa o, si existe la posibilidad, instalar celdas fotovoltaicas y calentadores solares de agua, estaremos empezando a contribuir al desarrollo de un futuro sustentable.

Solo así es posible alcanzar ese panorama visionario de enormes ciudades llenas de rascacielos y tecnología, sin poner en peligro nuestra supervivencia como especie y sociedad, de la mano, amigablemente, con el medio ambiente que nos brinda los recursos necesarios para vivir (Figura 4).

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 Percy Guillermo Neyra Lewin / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.