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A nivel mundial las plantas han sido utilizadas de manera empírica para el control de plagas insectiles. Por ejemplo, se sabe del uso del neem en la India, la planta Derris en Asia Oriental y en Sudamérica, el Crisantemo en Persia (Irán), la Sabadilla en Centro y Sudamérica y más tarde en Europa y Estados Unidos. La planta del tabaco también ha sido utilizada ampliamente (figura 1).

Los insectos atacan a los cultivos defoliándolos, alimentándose de sus frutos, ocasionando daños a los tallos, afectando raíces, dañando los brotes, las flores o las semillas. Sin embargo, las plantas producen sustancias tóxicas para los insectos o bien evitan que se alimenten de ellas; esto ha sido aprovechado desde hace siglos para elaborar insecticidas naturales.

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Un aspecto fundamental para el desarrollo de los insecticidas botánicos fue la aplicación de técnicas basadas en la identificación de los compuestos responsables de matar a los insectos. Por ejemplo, la Rotenona es una sustancia identificada en las raíces de plantas tropicales (conocidas como Cube o Barbasco en América y como Derris en Asia) y es utilizada contra pulgones, cochinillas, trips y ácaros. La Piretrina se identificó en las flores del Crisantemo, se emplea para controlar mosquitos, pulgones, hormigas, cochinillas, trips y mosca blanca. Mientras que la Cuasina es un compuesto muy amargo identificado en la planta conocida como Amarga o Quassia, con propiedades larvicidas sobre el mosquito transmisor de la filiariasis (enfermedad conocida como elefantiasis; primera enfermedad infecciosa que se descubrió transmitida por insectos) y utilizada también para matar los piojos. La Azadiractina, identificada principalmente del árbol del Neem, es utilizada contra el escarabajo colorado de la papa, la mosca mexicana de la fruta, el pulgón de los cítricos y la mosquita blanca. Una característica importante de la Azadiractina es que no es tóxica para los mamíferos, peces ni polinizadores. En cambio la Cetona se identificó en la planta conocida como Manzanilla silvestre, se utiliza para controlar el gorgojo del maíz. La Rianodina se identificó en los tallos y raíces de la planta conocida como Ryania, y es efectiva para combatir la palomilla de la manzana, trips de los cítricos y barrenador europeo del maíz. La sabadina y la veratrina se identificaron en la Sabadilla, es utilizada contra trips y chinches. Finalmente, la nicotina es una sustancia identificada en la planta del Tabaco y es utilizada para el control de pulgones y mosquita blanca (figura 2).

Sin embargo, es hasta el siglo XX, con el desarrollo industrial y después de la Segunda Guerra Mundial, cuando se comenzaron a producir y diseñar productos insecticidas de síntesis química o sintéticos, cuyas características, tales como su mayor efectividad, ser de amplio espectro y fácil manejo, propiciaron el uso indiscriminado de ellos, provocando la contaminación de aire, suelo y agua, la resistencia de las plagas a los insecticidas y la mortalidad de los enemigos naturales, produciendo efectos tóxicos en organismos distintos a aquellos contra los que se aplican, afectando la biodiversidad, y dañando al medio ambiente y la salud humana. En el hombre pueden producir enfermedades graves como defectos de nacimiento, daños genéticos, problemas respiratorios, trastornos en el sistema nervioso, daños en los riñones, esterilidad, incluso el cáncer.

Actualmente se cuenta con productos comerciales contra las plagas insectiles a base de plantas, conocidos como plaguicidas botánicos o bioplaguicidas, los cuales son 100% biodegradables, no generan resistencia, son específicos, no son tóxicos para el hombre ni para los organismos benéficos, se pueden mezclar con insecticidas sintéticos y son de bajo costo. En el mercado se pueden conseguir productos a base de neem, azadiractina, piretrinas, soya, chile, ajo, canela, tabaco, albahaca y de aceite de naranja (Figura 3) que se pueden utilizar en cultivos como algodón, arroz, té, jitomate, tomate, chile, berenjena, calabaza, melón, pepino, sandía, tabaco, coliflor y okra, entre otras. Algunas de las plagas agrícolas en las cuales se han utilizado los productos vegetales como agentes controladores son el psílido asiático de los cítricos, la cochinilla o piojo harinoso de los cítricos, la mosquita blanca, psílido (= paratrioza) de la papa y tomate o pulgón saltador, el ácaro del tostado de la naranja o ácaro arador de los cítricos, la palomilla dorso de diamante, trips, gusano soldado, gusanos del fruto, minadores de hojas y el gusano falso medidor (figura 2).

El uso de bioinsecticidas se ha extendido a nivel mundial debido a las ventajas que ahora se conocen al utilizarlos, puesto que no contaminan, existe menor riesgo de intoxicación, se degradan rápidamente por lo que no generan residualidad en los cultivos etc. Hoy día el uso de productos de origen vegetal, sobre todo en los países desarrollados, es cada vez mayor (figura 3).

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Dr. Víctor Rogelio Castrejón Gómez / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Departamento de Interacciones Planta-Insecto. Centro de Desarrollo de Productos Bióticos del Instituto Politécnico Nacional, Yautepec, Morelos.